Y menos cuando diariamente aparecen nuevas empresas, nuevos productos... en definitiva nuevos competidores. ¿No es cierto que la mayoría de las personas no compramos siempre los mismos productos alimenticios, ni en los mismos lugares?
Muchas veces nos basamos en necesidades como proximidad, utilidad, urgencia... e incluso por la necesidad de probar un producto nuevo.
Són abundantes las técnicas de márketing para fidelizar el cliente y no se fije en la competencia pero pocas sirven para retener al cliente de por vida. Para muestra, un botón: No hace mucho me cambié el coche y tras mirar varios modelos y marcas creí que lo conveniente era “invertir” en la misma marca que poseía pues me ofrecía un descuento de 2.900 € en el precio del vehículo, algo más de un 15%. Entiendo que son prácticamente todas las compañías automvílisticas las que promueven estas promociones pero yo tenía la marca que tenía y era lo adecuado. –me comentó un amigo-.
La filosofía de Volvo es la de poseer el cliente de por vida, y tanto al conductor como a su familia. Su objetivo evidentemente son las ventas pero sus estrategias se enfocan a aquellos hogares que se permitan el lujo de poseer un producto con una seguridad y fiabilidad muy elevada y al mismo tiempo puedan atender las necesidades de todos los habitantes de la casa: el padre ejecutivo, la madre trabajadora o encargada del hogar, el hijo que acaba de cumplir los 18 –qué mejor que un Volvo para asegurar al máximo todo peligro-...
Ahora bien, aquellas empresas que se pueden permitir el lujo de invertir grandes cantidades en estudios, promociones o en general estrategias de fidelización para sus consumidores, que tengan suerte; para las Pymes que no pueden invertir dichas sumas, tendrán otras opciones más fiables y la primordial es la comunicación.
La fidelización es evidentemente necesaria y muy importante en estos tiempos pero sin una buena comunicación con el cliente, no hay opción.
Para aquellas empresas que distribuyen sus productos en base a la figura de un importador o distribuidor su deber es el de una comunicación fluida y constante. El cliente no tiene siempre la razón y nosotros tampoco. La razón es de ambos! Debemos trabajar para beneficiarnos de los conocimientos y experiencias comunes. El importador/distribuidor conoce su mercado y su distribución y nosotros nuestro producto. Por ello, debemos trabajar para unir esfuerzos y avanzar a aquellas empresas que aún no han visto que actualmente la competencia es abundante y el futuro es la fidelización pero, sobretodo la comunicación.
Nuestros clientes, los clientes finales, la mayoría de las personas tienen acceso a las nuevas tecnologías y sobretodo a Internet. Poseen una extensa “orgía” de nuevos conocimientos, facilidades y ventajas para comparar productos y servicios.
Es probable que si compran nuestro producto, corramos el riesgo de que cuando lo terminen, compren otro parecido, y lo que es peor: que sea otro de la competencia. Pero si no podemos luchar contra ello ¿porqué no les dejamos que lo prueben? Para que vean tras terminarlo la primera opción, la nuestra, es la válida. ¿Cómo lo hacemos?
Comunicando, y mostrando que su necesidad es nuestra obligación. Fidelizando.
Muchas veces nos basamos en necesidades como proximidad, utilidad, urgencia... e incluso por la necesidad de probar un producto nuevo.
Són abundantes las técnicas de márketing para fidelizar el cliente y no se fije en la competencia pero pocas sirven para retener al cliente de por vida. Para muestra, un botón: No hace mucho me cambié el coche y tras mirar varios modelos y marcas creí que lo conveniente era “invertir” en la misma marca que poseía pues me ofrecía un descuento de 2.900 € en el precio del vehículo, algo más de un 15%. Entiendo que son prácticamente todas las compañías automvílisticas las que promueven estas promociones pero yo tenía la marca que tenía y era lo adecuado. –me comentó un amigo-.
La filosofía de Volvo es la de poseer el cliente de por vida, y tanto al conductor como a su familia. Su objetivo evidentemente son las ventas pero sus estrategias se enfocan a aquellos hogares que se permitan el lujo de poseer un producto con una seguridad y fiabilidad muy elevada y al mismo tiempo puedan atender las necesidades de todos los habitantes de la casa: el padre ejecutivo, la madre trabajadora o encargada del hogar, el hijo que acaba de cumplir los 18 –qué mejor que un Volvo para asegurar al máximo todo peligro-...
Ahora bien, aquellas empresas que se pueden permitir el lujo de invertir grandes cantidades en estudios, promociones o en general estrategias de fidelización para sus consumidores, que tengan suerte; para las Pymes que no pueden invertir dichas sumas, tendrán otras opciones más fiables y la primordial es la comunicación.
La fidelización es evidentemente necesaria y muy importante en estos tiempos pero sin una buena comunicación con el cliente, no hay opción.
Para aquellas empresas que distribuyen sus productos en base a la figura de un importador o distribuidor su deber es el de una comunicación fluida y constante. El cliente no tiene siempre la razón y nosotros tampoco. La razón es de ambos! Debemos trabajar para beneficiarnos de los conocimientos y experiencias comunes. El importador/distribuidor conoce su mercado y su distribución y nosotros nuestro producto. Por ello, debemos trabajar para unir esfuerzos y avanzar a aquellas empresas que aún no han visto que actualmente la competencia es abundante y el futuro es la fidelización pero, sobretodo la comunicación.
Nuestros clientes, los clientes finales, la mayoría de las personas tienen acceso a las nuevas tecnologías y sobretodo a Internet. Poseen una extensa “orgía” de nuevos conocimientos, facilidades y ventajas para comparar productos y servicios.
Es probable que si compran nuestro producto, corramos el riesgo de que cuando lo terminen, compren otro parecido, y lo que es peor: que sea otro de la competencia. Pero si no podemos luchar contra ello ¿porqué no les dejamos que lo prueben? Para que vean tras terminarlo la primera opción, la nuestra, es la válida. ¿Cómo lo hacemos?
Comunicando, y mostrando que su necesidad es nuestra obligación. Fidelizando.
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